Viven en ella y tienen sus trastos a la vista, o ya es buena pero le sobra un detalle. Entre hacer las fotos y subir el anuncio hay un paso, y ese paso lo damos nosotros.
Lo use el comercial que capta y publica o la agencia que quiere un escaparate homogéneo, el trabajo es el mismo: que la vivienda se vea como debería, sin que el comprador se sienta engañado en la visita.
El propietario vive ahí: hay trastos en la encimera, cables, ropa por medio, la nevera llena de imanes. No vas a pedirle que lo vacíe ni a volver otro día. Recogemos la toma —ordenamos lo que distrae, neutralizamos lo que afea, damos luz— y la dejamos como si la hubieran preparado para la visita.
El reportaje es bueno, pero hay un reflejo en el espejo, un enchufe en mitad de la pared o una silla que rompe la composición. Lo quitamos sin que se note la mano y dejamos la foto a nivel de revista. El acabado fino que tu cliente de gama alta sí nota.
Viven en la casa y no hay forma de recogerla del todo antes de hacer las fotos.
El reportaje es bueno, pero hay un reflejo, un enchufe o una silla que rompe la foto.
Acabas de firmar la nota de encargo y el piso tiene que salir hoy, sin tiempo de fotógrafo.
El propietario te llama a los dos días preguntando por qué su piso no se ve mejor.
Un álbum por vivienda, entrega en 24 horas, sin permanencia. Pruébalo con un piso y lo ves por ti mismo.
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